Brownie de remolacha a mi manera

Sugar, oh honey honey

No sé si porque mi generación creció viendo “Sensación de Vivir” y “Salvados por la campana” o porque mis quince años pertenecen a una época que viví con desmesurada intensidad, soy una gran admiradora del hábitat estudiantil que nos muestran en las películas adolescentes americanas. Ese grupo de animadoras siempre tan pérfidas y populares, el equipo de football americano y su quarterback, los de la clase de arte, los freaks, los empollones… Al final siempre acabo comparándolo todo con la vida en uno de esos institutos, me parece gráfico y divertido.

En el mundo de la alimentación también tenemos a los protagonistas de nuestra comedia adolescente americana, con personajes mejores y peores, y con diferente popularidad entre las masas. En este entorno la col kale es la nueva alumna de intercambio con gafas y despeinada a la que no la invitan a los bailes, el entrecot es el capitán del equipo, sabroso, jugoso, pero con poco cerebro, y la más deseada y popular, y algo maligna con el resto de sus compañeros, es la líder de las animadoras, el azúcar.

Quizás hace algunos años podíamos vivir en una mentira, pero ahora ya se ha destapado todo el pastel (nunca mejor dicho) y es por todos conocido cuan mala es el azúcar para nuestra salud, y cuáles son los problemas que, a la larga, provoca en nuestro organismo.

Entonces, si es tan mala, si es tan cruel, si no nos respeta ni nos hace bien, ¿por qué la necesitamos tanto? ¿Qué tiene el azúcar para ser considerada la droga más potente del mundo?.

Partamos de la base que el azúcar es el alimento básico de nuestras neuronas, es importante comer azúcar, pero el azúcar que necesitamos es el que encontramos en los alimentos comunes y en la fruta, no el azúcar procesado. Sin embargo nuestro cuerpo no puede distinguir estos azúcares, todos se procesan de igual forma y el cerebro como premio a tomarlos nos hace segregar serotonina, la “hormona de la felicidad” en el flujo sanguíneo. Es decir, comer azúcar nos da un subidón anímico, nos ponemos más contentos, nos lleva al trance feliz que nos hace dependientes. A todo esto se une que el cuerpo no es capaz de decidir si hemos consumido suficiente azúcar o no, siempre tenemos hueco para una galleta más, para un poco más de helado, para un trozo más de tarta.

La industria alimenticia, conocedora de estos hábitos e impulsada por la necesidad de vender, ha fomentado nuestra adicción en los últimos años. La salud no importa, importa el dinero, y por lo tanto se necesita un ejército de zombies dependientes y dispuestos a gastar. De esta manera se añade azúcar a la gran mayoría de alimentos procesados. Dejando atrás toda la bollería industrial en la que los porcentajes de azúcar alcanzan cifras del 90%, la mayoría de productos manufacturados tiene altos porcentajes de azúcar. Cuando decides eliminar el azúcar refinado de tu vida te pasas el tiempo leyendo etiquetas y te sorprendes de algunas cifras.

¿Sabíais que de 100 gr de Nesquik 77,4 son azúcares? No tengo más que añadir señoría.

Quiero compartiros hoy, antes de mi receta, dos enlaces para que les echéis un ojo:

La receta de hoy es una golosina, sana, pero una golosina. No os voy a engañar, ojalá pudiera decir otra cosa, pero sigo necesitando dulce de vez en cuando. De hecho todos lo necesitamos alguna vez y no hay que ocultar ni evitar esa necesidad porque finalmente eso nos puede crear niveles altos de ansiedad. Es por ello que algunas de las recetas que os compartiré en este blog son de dulces saludables.

La base de este brownie  es la remolacha, una hortaliza que nunca compro por voluntad propia, pero que alguna vez me regalan o viene incluida en las cajas de verduras que me llegan a casa. Es muy sencillo de cocinar y, siendo previsores, puede aliviarnos uno de esos momentos de mono por el azúcar. Yo, en cualquier caso, siempre tengo en casa chocolate al 85 o 90%. Una onza o dos ingerida con cierta parsimonia me calman el deseo de salir corriendo a comprarme un helado doble de Ben’s and Jerry’s (que por otra parte no puedo comer, intolerante a la lactosa señoría!).

La remolacha mejora el rendimiento físico, combate la inflamación y ayuda a desintoxicar el organismo.

Este brownie está basado en una receta de Eva muerde la manzana, de la que soy una gran admiradora.

BROWNIE A MI MANERA

Ingredients

  • 180 gr de remolacha asada
  • 3 cucharadas de leche de coco
  • 2 cucharadas de harina de castaña
  • 2 cucharadas de harina de coco
  • 100 gr de mantequilla derretida (no caliente)
  • 4 huevos
  • 1 plátano maduro
  • 1 vaina de vainilla
  • Estevia líquida
  • 6 cucharadas soperas de cacao puro desgrasado
  • ½ cucharada de levadura sin gluten
  • ½ cucharada de canela
  • Sal
  • Nueces peladas
  • Aceite de coco

Preparación

  1. Precalentamos el horno a 180 grados
  2. Mezclamos en el vaso de la batidora la remolacha, la vaina de vainilla, los huevos, la leche de coco, la mantequilla derretida, unas gotas de estevia y el plátano maduro. La masa ha de tener una consistencia cremosa.
  3. En un bol de cristal mezclamos las dos cucharadas de harina de castaña, dos cucharadas de harina de coco, cuatro cucharadas de cacao en polvo desgrasado, la levadura, una pizca de sal, la canela y un puñado de nueces.
  4. Añadimos con cuidado la mezcla de la remolacha al bol de cristal y mezclamos ayudándonos con una lengua de gato con movimientos envolventes. Hay que tener cuidado con las bolsas de harina que se puedan crear. Tened paciencia con este paso y mezclad con calma e insistencia.
  5. Engrasamos un molde rectangular para horno con ghee o aceite de oliva (si usamos un molde de silicona no hace falta este paso) y ponemos en el horno durante aproximadamente 50 minutos
  6. Mientras se cocina el brownie haremos la cobertura mezclando dos cucharadas de aceite de coco líquido, unas gotas de estevia y dos cucharadas de cacao negro desgrasado. Mezclamos bien.
  7. Sacamos el brownie del horno, desmoldamos y vertemos por encima el chocolate líquido.

El consejo de Nur

Para rememorar del todo esas series americanas de las que hablábamos al principio, podemos acompañar nuestro brownie con una bola de helado paleo, a base de plátanos congelados, o con frutos rojos y un té chai. Vive la vida loca!!!

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