Pero tú… ¿tú que comes?

Me he decidido a escribir la entrada de hoy porque no hay un día en que cuelgue una foto de mi desayuno, mi comida o mi cena en las redes sociales de Barriga Sana y alguien me pregunte “¿pero eso se puede comer en la dieta paleo?” o sencillamente afirme “eso no deberías comerlo si dices que haces dieta paleo” y supongo que os debo una explicación de porque realmente algunas cosas que veis en mis comidas ya no son estrictamente paleo. Quizás es momento de aclararos que como yo y cuales son los motivos para ello.

Vamos a desvariar un poquito

Hace poco vi una entrevista que Andreu Buenafuente le hacía a su mujer Silvia Abril (los que no seáis españoles no los conoceréis pero básicamente son dos humoristas, actores, presentadores… y que además están casados) en la que ella presentaba su libro de cocina, “Como a mi me gusta“.  En este libro Silvia explica como ella quería ser madre a toda costa y no conseguía quedarse embarazada. Había agotado medios naturales, profesionales, y casi su esperanza de quedarse embarazada cuando alguien le habló de Xevi Verdaguer y pensó que no perdía nada en ir a visitarlo. Xevi (que es psicoinmunólogo y fisioterapeuta) le propuso  que hiciera un cambio en su alimentación pasando a una forma de alimentarse muy similar a la paleo, huyendo de gluten, buscando producto de proximidad y ecológico, y comiendo de forma consciente. En un mes estaba embarazada. (Ojo, quiero dejar claro aquí que yo no sigo a Xevi Verdaguer y desconozco en general su terapia y su forma de tratar las patologías que se le presentan. No sé si es un timador o un genio, solo estoy reproduciendo aquello que cuenta ella).

Todo lo que explica a mi ya no me sorprende, estoy absolutamente convencida de la importancia que tiene aquello que comemos en nuestro estado de salud, en nuestra forma de relacionarnos, de reproducirnos, de ser felices.

Yo, como ella, he visto cambiar mi vida cambiando mi alimentación. De ser una persona parcialmente infeliz a la que le dolía el cuerpo al salir de la cama, ahora estoy casi siempre alegre, casi no enfermo y corro medias maratones (y esperad si no corro mi primera maratón en breve).

Pero que rollera eres, un poquito al grano por favor…

Como siempre me estoy yendo por los cerros de Úbeda, ¿qué tiene que ver Silvia Abril, su embarazo, Andrés Buenafuente y tu maratón con la pregunta incial de esta entrada de hoy? Pues simplemente Silvia dice algo en esta entrevista en lo que creo que tiene mucha razón: Hay que comer sano, hay que comer bien, pero no hay que obsesionarse ni volverse pesado. No hay que pontificar, hay que disfrutar con la comida.

Os digo esto porque cuando yo empecé con mi cambio de vida (derivado en mi caso de lo que parecía una fibromialgía con una afectación de vida moderada/grave y que resultó ser una celiaquía acompañada de unas cuantas intoleráncias más) y aterricé en la dieta paleo me volví la mujer más extremista del planeta. Creé un grupo en facebook en el que reñía a la gente si no tenían verde en todas las comidas o se les ocurría usar quinoa o trigo sarraceno, consultaba a Robb Wolf cada vez que tenía que comer un producto y llené mi despensa de cosas que recomendaban algunos gurús del paleo en España (psylium, levaduras nutricionales, aceite de coco, msm …) y dejé de disfrutar con la comida de nuevo. Así que, por segunda vez, decidí cambiar, evolucionar… madurar.  Lo que como ahora para mi es una evolución adaptada a mis propias características y necesidades, de la dieta paleo o evolutiva.

Entonces, déjate de historias, ¿tú qué comes?

Cereales

Ya sabéis que soy celiaca, los cereales con gluten no los puedo comer, y los cereales sin gluten me sientan muy mal. Algunos, como el arroz, me hace desarrollar una Dermatitis herpetiforme (muy relacionada con la enfermedad celiaca). En mi caso los cereales muy muy lejos de mi dieta.

Personalmente preferiría que mi peque y mi marido tampoco tomaran cereales y menos con gluten (sí, os lo digo ya, para mi el azúcar y el gluten son el demonio, todo lo demás se mueve en escalas más o menos equilibradas entre el cielo y el infierno gastronómico). De hecho en casa no lo suelen tomar porque no compro nada que lo lleve: hay pasta pero es de lentejas o de guisantes, y los bollos, las tartas, las magdalenas o el pan los hago yo con harinas de frutos secos, pero fuera de casa ambos toman alimentos con harinas refinadas. La peque come en el cole y en el comedor solo le retiran los productos sin gluten si presentamos un certificado médico de celiaquía y ella no es celiaca y el que duerme a mi lado cree firmemente que el gluten no le daña y que puede tomarlo de vez en cuando… y eso hace.

Legumbres

Yo no como legumbres por la misma razón que los cereales, he desarrollado una intolerancia que me impide comerlas, pero creo que lavadas correctamente y con su cocinado justo (siempre que seas de esa mínima población a la que no le resulta difícil digerirlas) deben estar dentro de la dieta. De hecho mis dos compañeros de vida comen legumbres de forma ocasional y ninguno parece que sufra de digestiones pesadas.

Lácteos

Soy también intolerante a la lactosa (venga ya! en serio? tú estás para el arrastre), pero debo seguir consumiendo algún lácteo para no dejar de producir cierta cantidad de lactasa. No tolero para nada la leche de vaca directamente (si la tomo por algún motivo me espera un día de gases y dolor abdominal severo) pero si algún queso muy curado (que casi ha perdido la lactosa) y algún yogur de tipo griego. Sé que los lácteos no son paleo de ninguna de las maneras pero es de esas cosas que me hace feliz de vez en cuando.

La peque se puede considerar que está en edad lactante y sigue tomando leche de vaca. El que duerme a mi lado toma lácteos con normalidad, le gusta el queso curado y los yogures y solo limita el consumo directo de leche sin tratar.

Azúcar

Este es fácil, nadie toma azúcar refinado en esta casa. Tampoco usamos azúcar de coco, sirope de agave, panela o similar, solo usamos miel pura y en alguna ocasión (solo yo porque al resto no le gusta) estevia. Últimamente he empezado a hacer repostería sin miel (solo con el dulce de la fruta) y he aprendido a hacer pasta de dátiles, aunque lo mejor es que cada vez nos inclinamos más por repostería menos dulce y dónde antes había tres cucharadas de azúcar, ahora como mucho va una de miel.

No compramos en general productos procesados, pero si compramos alguno nunca supera el 0,5 gr por 100 de azúcar, si es así lo dejamos en la estantería. Con el azúcar en esta casa tenemos tolerancia cero.

Tubérculos

Todos comemos tubérculos, todos, al menos una vez a la semana. Son mi fuente principal de carbohidratos y, aunque yo los desaconsejo inicialmente a personas que busquen bajar de peso, creo que deben formar parte de una dieta sana normal para individuos en un peso controlado.

Frutos secos

Tanto el que duerme a mi lado como yo somos grandes consumidores de frutos secos y para mi son un recurso fácil a la hora de elaborar harinas para repostería. En general para tomar un puñado, no los remojo, si los voy a utilizar en grandes cantidades como para un cheese cake o similar si los pongo una noche en agua.

Fruta

La fruta puede convertirse en una adicción para aquellos que no tomamos nada de azúcar porque nos enganchamos a la frutosa, es nuestra golosina. Es por ello que intentamos tomar máximo dos o tres piezas de fruta al día y siempre con las comidas. Priorizamos fruta de temporada y en general, las que menos dulce tienen.

Tomamos solo aceite de oliva virgen extra, limitamos la sal pero no la eliminamos, compramos verduras ecológicas y de temporada (que nos traen a casa directamente del productor), carne y pescado de la mejor calidad que podemos y huevos de gallinas criadas en libertad (código 0). Todos los platos suelen incluir verdura de hoja verde (más o menos la mitad del plato), proteina en cantidad suficiente para cada uno y grasas saludables, pero si algún día solo nos apetece la verdura o solo proteina o sencillamente un cremoso de coco para desayunar… pues no pasa nada, porque lo importante no es solo estar sano y comer bien, es divertirse y disfrutar comiendo. No hay que alimentarse de cremosos, pero uno a la semana no va a hacer daño a nadie.

Básicamente puedo decir que me he relajado y que al final tengo que darle la razón a algunos que en los principios me llamaron talibana paleo. Lo era… imagino. Actualmente mi alimentación se basa en un 90% en este tipo de dieta evolutiva, pero hay una desviación de un 10% en la que he introducido alimentos “modernos” que no me sienta mal, que puedo tolerar (algo que para mí es todo un éxito) y que me gustan.

Sí, dicho todo lo anterior, alguna vez veréis un pastel de calabacín gratinado con parmesano en mi cena o un yogur griego sin azúcares y de vacas de pasto, en mi desayuno, e incluso un pan de trigo sarraceno.

No, no es 100% paleo… pero me hace feliz y ser feliz me sana.

Sí, vosotros también me hacéis feliz.

 

 

 

2 Replies to "Pero tú... ¿tú que comes?"

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    Mariel Carmona 26/11/2017 (15:16)

    Te sigo desde hace un tiempo por toda la paz que me transmites y la sencillez de todo lo que haces (aunque no sea nada sencillo). Me animo a comer sano con gente como tú. Muchísimas gracias por ser tan inspiradora 🙂

    • comment-avatar
      Barriga Sana 27/11/2017 (00:57)

      Jo, por comentarios como este sigo adelante con el blog. Aunque solo me leyeras tú ya sería una franca recompensa!
      Gracias

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