Malditas grasas trans

La semana pasada estuvimos hablando del etiquetado de los productos en general, explicamos un poco cual es la nueva normativa europea de información al consumidor, y también cuales son las artimañas que utiliza la industria alimenticia para seguir desinformando. Es por ello que he creído necesario que ampliemos información sobre alguno de los componentes de los alimentos procesados que habitualmente consumimos. Hoy le toca el turno a las grasas “trans”.

Las grasas trans son aquellas que se producen de forma voluntaria en la industria alimentaria, hidrogenando ácidos grasos poliinsaturados. Estas grasas trans se usan en alimentos procesados ya que ayudan a que se mantengan frescos por más tiempo, alargan su vida útil, y los hace más palatables y con una textura más apetitosa. Los productos elaborados con grasas trans retrasan el enranciamiento de los productos en comparación con los que se producen con otro tipo de grasas (sobre todo las vegetales). Es decir, el objetivo de crear grasas trans es conseguir alimentos más agradables al paladar, con mejor textura y sobretodo con mayor vida útil.

¿Cuál es el problema entonces? ¿Nuestra maravillosa industria alimentaria hace un producto más bueno, con mejor textura y que dura más y tú te quejas?

¿Por dónde empiezo? Sin anestesias, las grasas trans son absolutamente perjudiciales para la salud por diferentes motivos:

a) Hay claras evidencias de su relación con el riesgo cardiovascular y la enfermedad cardiaca coronaria. Si consultáis el artículo publicado en la revista médica ‘The New England Journal of Medicine’ en 2006  comprobaréis que un aumento de un 2% de la ingesta de grasas trans en nuestra dieta se relaciona con un incremento del 23% de desarrollar una enfermedad coronaria.

b) Las grasas trans elevan el colesterol malo LDL y los triglicéridos, pero no solo eso, disminuyen nuestro colesterol bueno (HDL).

c) Según la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan) su consumo se relaciona con algunos tipos de cáncer o asma y pueden tener relación con el desarrollo de obesidad, diabetes tipo 2 y síndrome metabólico.

¿Qué están haciendo otros paises al respecto?

Dinamarca, Suiza, Austria, Islandia, Hungria, Noruega y Letonia han limitado su uso en la industria alimentaria. Para Dinamarca el máximo debería estar en dos gramos por cada cien gramos de producto.  En Alemania, Holanda y Reino Unido están trabajando junto a la industria alimenticia para reducirlo, y en Estados Unidos  estará prohibido su uso por completo a partir de 2018.

¿Y en España?

En España no hemos hecho nada, no existe una legislación que controle esta cantidad de grasas trans en los alimentos. Solo en el caso de los alimentos infantiles se establece que deben tener máximo 3 gramos de grasas trans por cada 100 gramos de producto (nótese que nuestros bebés pueden tomar más grasas trans que un adulto en Dinamarca).

Podéis encontrar si un producto contiene  grasas trans en el etiquetado buscando grasas hidrogenadas o grasas parcialmente hidrogenadas, pero no vais a poder saber que cantidad contiene. La legislación europea no permite establecerlo en la información nutricional, ni siquiera de forma voluntaria. En general, se encuentran presentes en snacks, bollería industrial, caramelos, galletas, pizzas, productos precocinados, etc.

¿Cuál es mi recomendación? Pues por una vez, y algo curioso hablando de alimentación, estoy con Estados Unidos: ni un gramo de grasas trans en vuestra dieta. Rechazad cualquier producto que las contenga y volvedlo a dejar en la estantería, el máximo a consumir en este caso es cero. Para ello, volvemos a lo que siempre hemos hablado, consumid comida real y alejaos de los alimentos procesados. Vuestro cuerpo os dará las gracias más rápido de lo que os podáis imaginar.

 

 

 

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