Desvelando el misterio de las etiquetas

Pongámonos en situación: Antecedentes.

Ya os conté en la entrada de la semana pasada que soy muy freak de Harry Potter, así que me vais a permitir que empiece la entrada de hoy con la frase que desvelaba el contenido del mapa del merodeador “Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas”, porque realmente necesito un poco de magia para explicaros este embrollo y porque definitivamente mis intenciones no son buenas.

Voy a empezar, intentando no resultar pesada, explicando como se reglamenta el etiquetado en España y por lo tanto que directrices son las que ha de seguir.

El codex alimentarius se creó por la FAO y la OMS en 1962 y es un compendio de normas alimentarias internacionales que se deciden por una Comisión  (que conforman los países miembros, organizaciones no gubernamentales, organizaciones intergubernamentales y otros). Unos de los principios del CODEX es la transparencia, que se entiende como la participación de todos los actores económicos a la hora de poder tomar decisiones y normalizar la política alimentaria. Es decir, la industria alimentaria interviene (igual que asociaciones de consumidores, ONG, gobiernos…) a la hora de aprobar las normas del CODEX.   Basándose en estas normas alimentarias, la Unión Europea (a la que pertenece España) crea sus Reglamentos sobre alimentación, nutrición e higiene y que deben acatar todos los países miembros. ¿Se entiende?, básicamente la comisión del CODEX (formada por 187 paises +UE) es quien crea las normas intentando nadar entre dos aguas ( los consumidores y la industria alimenticia) y, basándose en estas normal la UE reglamenta.

El reglamento que rige el sistema de etiquetado en la Unión Europea es el 1169/2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor y que entró en vigor el 13 de Diciembre de 2014. Las principales medidas que se recogen en este reglamento son:

Una vez os he contado todo lo anterior hay dos cosas que deben quedar claras y que me permito destacar.

  1. Las empresas de alimentación son actores económicos del proceso nutricional y, como tal, forman parte por el principio de transparéncia, en la toma de decisiones de la Comisión del Códex Alimentario y de la Reglamentación de la UE.
  2. Hecha la ley, hecha la trampa. La reglamentación alimentaria tiene muchos recovecos por los que se cuela la industria alimentaria. ¿Podemos cumplir la ley y no decir la verdad o al menos enmascararla un poco? Pues sí y os lo voy a demostrar.

Etiquetado

Una etiqueta debe recoger la siguiente información según el Reglamento 1169/2011

Nos engañan

Entonces, si todo está tan reglado, si tenemos unas etiquetas tan maravillosas, si nos tienen que informar de qué, cómo y cuánto… ¿por qué nos siguen engañando?

  1. El principal motivo es que no leemos las etiquetas si no lo que nosotros creemos que es la etiqueta y que no deja de ser la publicidad del producto. Está en mente de todo el mundo que las galletas Digestive son saludables y digestivas, sin embargo obligaron a la marca a indicar (lo hicieron detrás del paquete y disimulado entre otra información) que la palabra “Digestive” no significaba que la galleta contuviera propiedades dietéticas o digestivas (pese a todo ello yo sigo escuchando en el supermercado lo de “compra las Digestive que son las más sanas”). Varios productos más han sido demandados por la OCU por añadir a su nombre conceptos como “casero” “saludable” o “natural”. Es probable que se gane la demanda pero usarán otros términos y seguiremos comprando lo que no debemos. La única solución es que no confundamos información con publicidad.
  2. La industria alimenticia sabe usar el diccionario de sinónimos mucho mejor que nosotros. Cada vez somos más conscientes de que el azúcar es el mayor de nuestros males nutricionales, pero  cuanta más azúcar lleve un producto mayor será su venta, así que ¿cómo podemos seguir usando azúcar pero sin que el consumidor sea consciente de ello? Pues vamos a llamarla de muchas formas diferentes:  fructosa, dextrosa, glucosa, lactosa, galactosa (casi cualquier cosa terminada en -osa es azúcar), maltodextrina, melaza, jarabe de maíz, jarabe de maíz de alta fructosa, azúcar pulverizada, maíz dulce, azúcar invertida,  jarabe de arce, almíbar, jugo de caña…
  3. Los ingredientes deben ir listados orden decreciente de peso, según se ha incorporado al producto cuando se elabora. Esto significa que cuando vamos a comprar leche de almedras y el primer ingrediente es agua y el segundo azucar… ya sabéis lo que estáis tomando. Pero además hay otro truco en todo esto, para que el azúcar no aparezca como principal ingrediente pueden añadirse diferentes tipos de azúcares que al final se incluirán en zonas más bajas de la lista. No es lo mismo tener un 40% de azúcares que un 10% de azucar, un 10% de jarabe de maiz, un 10% de jarabe de arce y otro 10% de melaza.
  4. En el etiquetado el fabricante puede indicar el tamaño indicado de una porción del alimento (por ejemplo en las cajas de cereales suele añadirse que la porción son 30gr). Cada fabricante es libre de poner cual es la porción adecuada y cual es el tamaño del producto. La principal ventaja de poder manipular libremente las porciones es que: “se permite anunciar ‘sin grasas trans‘ los alimentos que tienen menos de 0,5 g por porción (porque se redondean a 0). Por tanto un producto que tenga 0,9 g de grasas trans, puede indicar en la etiqueta cero grasas trans haciendo que la porción sea la mitad del envase (0,45 g por porción, que se redondea a cero en la etiqueta). “, tal y como nos indica Marcos en su blog de Fitness Revolucionario.

¿De verdad?

Realmente la entrada de hoy da para mucha mucha literatura pero una imagen vale más que mil palabras, de manera que vais a ver unos ejemplos claros en cuatro productos sacados de la despensa de mis familiares y amigos… No he hecho una gran investigación, abrid vuestra nevera y veréis de qué os estoy hablando.

a) Mi madre compraba la Flora Oliva porque yo le decía que el aceite de oliva es lo más sano que podía tomar. A ella le gusta la mantequilla así que este producto era la panacea: su mantequilla (esto no es mantequilla pero ella lo considera como tal) con aceite de oliva y, para ya rizar el rizo, con contenido en omega 3 y omega 6.

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¿Queréis saber los ingredientes?

De un 61% de grasas vegetales un 20% es de oliva. El principal ingrediente es agua y los que van después de los aceites vegetales mejor vamos a obviarlos no?

b) A mi hermano el pediatra le recomendó Blevit sueño para mi sobrino (tenía entonces menos de un año) porque por las noches estaba muy inquieto y le costaba mucho dormir. En Navidades coincidimos en casa de mi madre y me dio por leer la etiqueta.

En un principio parece una infusión natural de Tila, melisa y manzanilla para conciliar el sueño. Veamos los ingredientes.

Un 92% es dextrosa, es decir, azucar, el resto, 8% tila, melisa y manzanilla. Cuando yo le enseñé la etiqueta ya era el segundo bote que compraban. No se lo podía creer, le estaba dando azucar al niño para dormir.

c) El costillo consume pan (no muy habitualmente pero lo consume). Esto hace que se pase el tiempo leyendo los ingredientes de los panes envasados que encontramos en el supermercado. Así cayó en nuestras manos esta maravillosa etiqueta

Pan con centeno (tienen la decencia de poner “con”, otras marcas pondrían “de” y se quedarían tan anchas)

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Y aquí tenemos los ingredientes de nuestro pan con centeno

Efectivamente es un pan de trigo normal y corriente al que se le ha añadido un 11% de harina de centeno. Si bien es cierto que el nombre del producto en este caso lo indica claramente, fijaros en el tamaño de las palabras “pan con” frente a la palabra “Centeno”. Estoy convencida de que el 90% de las personas que compran este producto piensan que es un pan de centeno y ya.

d) Voy a acabar con un caso de los que hacen temblar los cimientos de la confianza en la industria alimenticia (yo no tengo ninguna, pero por si a vosotros sí os queda).

No sé si recordáis las patatas Lays artesanas. Eran estas:

Bueno, pues un  juzgado de Barcelona condenó a la empresa a dejar de distribuirlas con ese envoltorio y a eliminar de su presentación cualquier alusión a que el aceite de oliva era un elemento esencial del producto. La sentencia consideraba que el envase inducía al “fraude” y “engaño” al consumidor porque aparecía una aceitera muy visible y la leyenda “aceite de oliva”, cuando ese producto sólo constituía el 2% de la composición del producto. Las patatas, además, se freían con otros aceites vegetales. Por otra parte tampoco eran artesanas, y además la empresa lo afirmaba (detrás del producto señalaba “… en el método de elaboración, sin ser artesanal…”).

La empresa cambió el porcentaje de uso del aceite de oliva en sus patatas (pasando al 31%) así pudo mantener la aceitera y el 100% aceite de oliva, pero lo que no podía hacer era convertir su proceso de producción en un proceso artesanal, así que hizo algo mejor, cambió el nombre de Lays Artesanas por Lays artesanais (si leed bien la etiqueta). Nosotros seguimos leyendo lo mismo… lays artesanas con 100% aceite de oliva. En realidad pone Lays artesanais (a saber que significa eso ) y el contenido en aceite de oliva ya no es un 2% pero sigue siendo un 31% no un 100%

¿Entonces qué?

Diréis entonces: si tengo que pasarme el rato leyendo las etiquetas de todo puedo dedicar un día entero a la semana para hacer la compra. Pues mal, muy mal. El 90% de los productos que deben componer vuestra cesta de la compra no debería llevar ninguna etiqueta que leer. La carne, el pescado, la fruta, la verdura, los tubérculos… nada de eso tiene etiquetado, y si lo tienen, dejadlo en la estantería directamente, el producto fresco ha de ser eso, producto sin más.

No voy a ser más papista que el papa, yo compro productos envasados: conservas (producto, agua y sal), algún tomate frito (tomate y aceite de oliva) y alguna patata frita de bolsa, las suelo hacer yo, pero para una urgencia (patata, aceite y sal). Pese a ser celiaca no compro ningún producto etiquetado sin gluten (un día hablamos de los productos sin gluten a los que hay tanta gente enganchada) y en general cualquier producto que tenga más de cuatro ingredientes vuelve tranquilamente a la estantería. ¿Paso mucho rato leyendo ingredientes? No, paso mucho rato haciendo cola en los puestos del mercado donde aún se pide la vez y el peso de lo que vas a comprar te lo calculan en el momento.

En definitiva, lo que quería que entendierais en la entrada de hoy, es que no se trata de leer etiquetas, se trata de no tener que leerlas. Eso es comida real, sin más, la que no ha de acompañarse de un listado de los ingredientes utilizados. No hay que hacer demasiados cursos ni aprender demasiados nombres de productos. Hay que volver a los básicos, donde la Dextrosa no importaba porque sencillamente no estaba.

That’s all.

 

 

2 Replies to "Desvelando el misterio de las etiquetas"

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    Esther 13/11/2017 (10:57)

    ¡Buenísima entrada, Nur! Nosotros también compramos en el mercado producto y ya, sin etiquetas, pero hay muchas otras cosas a las que les voy a tener que dar un repaso… Me has inspirado y desde hoy voy a seguir tu ejemplo en la medida de lo posible. ¡¡Gracias!!

    • comment-avatar
      Barriga Sana 13/11/2017 (12:02)

      Vosotros estoy convencida de que coméis mucho mejor que la media de la población española!
      Un besote!!!

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